El patrimonio en tiempos del "amor candado"


En tiempos del "amor candado", el patrimonio arquitectónico ha sumado un nuevo peso a la ya dura carga que arrastra a causa de los escasos medios que se dedican a su conservación. Al abandono y la desidia, a la hora de preservar los testigos materiales de nuestro pasado, se suman las modas, unas veces efímeras, por suerte, como aquellas inocentes pintadas con tiza, que proliferaban antaño en las paredes, sin importar la antigüedad de las mismas, como ya decía aquella vieja canción de Radio Futura. Sin entrar en valorar la evolución y significado de los "símbolos del amor", que darían para una tesis de psicología, nos parece fundamental poner el foco en estos pequeños grandes actos, que suponen un lastre para la preservación patrimonial.

Hace años que París es ejemplo de esta lacra y libra una dura batalla contra los mal llamados "candados del amor" que, en otro tipo de reflexión, podríamos afirmar que tienen poco de romántico. Fueron 50 toneladas las que en 2015 se retiraron en el Pont des Arts, tras el colapso de una reja de 200 kilos, de un espacio que forma parte de la lista del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. Más recientemente, 40 toneladas fueron retiradas del Pont Neuf y otros espacios. Pero ganar una batalla, no significa ganar la guerra y los "candados del amor" han ido volviendo a aparecer silenciosamente, como una plaga lenta, pero segura, que termina invadiendo poco a poco todo tipo de lugares, poniendo en riesgo parte de nuestro patrimonio; sin olvidarnos de las toneladas de pequeñas llaves que también han sido tiradas al fondo de los ríos, que discurren bajo  estos puentes, como parte de un ritual tan absurdo como la propia "ceguera" del amor. Ni las campañas que han surgido en torno a la protección de este patrimonio, ni los carteles de prohibición, tienen su efecto.

Parece ser que esta costumbre tiene origen, curiosamente, en una historia de desamor, desarrollada en la Primera Guerra Mundial y convertida posteriormente en poema, por la poetisa serbia Desanka Maksimović. Pero el origen más actual de esta "moda", no es otro, que un libro de amor adolescente, el famoso "Tengo ganas de ti" del italiano Federico Moccia, donde los enamorados hacían este ritual, como símbolo de amor eterno. Quién iba a suponer, que el tan necesario fomento de la lectura, entre el público adolescente de principios del nuevo milenio, tuviese tan nefastas consecuencias.

Lo realmente grave es que, buena parte de los "dueños" de las toneladas de candados que invaden todo tipo de espacios patrimoniales, no son precisamente adolescentes indocumentados.

AMM